lunes, 22 de febrero de 2016

Antonio Padrón (1920-1968)


Antonio Padrón Rodríguez nació en Gáldar, Gran Canaria, en 1920. Allí vivió, desarrolló su obra y murió en 1968.
Artista polifacético, fue pintor, escultor, ceramista y compositor. Durante su vida estuvo muy apegado a su tierra y a su gente. En ellos se inspiró para crear sus cuadros, no desde la pura observación artística, sino desde la implicación con la sociedad de su entorno. Su obra es singular dentro de la pintura canaria del siglo XX. Está marcada, en lo artístico, por su alejamiento de las influencias externas, su deseo de alcanzar un arte genuino y, en lo personal, por su carácter solitario.
Tras estudiar como interno durante unos años en el Colegio La Salle de Arucas, prosiguió el bachillerato en el colegio Viera y Clavijo y en el Instituto Pérez Galdós de Las Palmas, donde tuvo como profesor de dibujo al pintor impresionista canario Nicolás Massieu.
En el curso 1942-43 aprobó su ingreso en la Escuela Central de Bellas Artes de San Fernando (Madrid) donde tuvo como profesores, entre otros, a Vázquez Díaz, Julio Moisés, Enrique de la Fuente Ferrari, Velarde y Ramón Stolz.
En 1949 obtuvo el título de profesor de dibujo, y permaneció en Madrid hasta 1951, año en que regresó definitivamente al Gáldar.
La pintura de Antonio Padrón puede definirse como expresionista. Él se definía como un “expresionista sin desgarraduras” para no situarse dentro de ninguno de las tres corrientes en que se suele clasificar dicho movimiento: realismo social, fauvismo y expresionismo psicológico. La obra de Padrón tiene características de algunas o de todas estas corrientes pero no está adscrita claramente a ninguna de ellas. Está vinculada al expresionismo por su gusto por lo popular, la interpretación que hace en sus cuadros de los mitos, las costumbres y el folclore grancanario. Además, el recuerdo y puesta en valor del arte primitivo autóctono desarrollado por los artistas de la Escuela Luján Pérez (Plácido Fleitas, Jorge Oramas, Felo Monzón, Jesús Arencibia…), le descubrieron el riquísimo acervo pictórico que ofrecía Gran Canaria. Se configuró así una pintura indigenista insular cuyos símbolos de identidad serían, según Padrón, los “ocres y rojos, en los tonos cálidos” típicos de la tierra canaria, “situada alrededor del volcán”.
En primer término, dos niños comen tunos en un barranco, al fondo seis niñas juegan al coro. En múltiples cuadros que Padrón pintó teniendo a los niños como protagonistas, éstos aparecen con expresión melancólica, pese al ambiente sereno y poético que los rodea. Los tonos azules y violetas, predominantes en la pintura, hacen aún más notorio ese sentimiento de punzante añoranza que el pintor parece haber puesto en ellas. Padrón creó un estilo personal, inconfundible, pero en el fondo de esa forma particular de expresión podemos encontrar ciertas influencias. Tanto en el empleo del color como en la forma compositiva se aprecia la influencia de los pintores de la Escuela de San Fernando, sobre todo de Palencia. La presencia de Picasso, advertible especialmente en los ojos sin párpados y en la bifrontalidad de algunos de sus personajes. Pero la influencia más notable, y la que, paradójicamente, contribuyó a darle singularidad a su trabajo, fue la que sobre él ejerció la cultura aborigen canaria.
Fuentes:
Nota: La propiedad intelectual de las imágenes que aparecen en este blog corresponde a sus autores y a quienes éstos las hayan cedido. El único objetivo de este sitio es divulgar el conocimiento de estos pintores, a los que admiro, y que otras personas disfruten contemplando sus obras.














































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